Los maravillosos mundos de Dorothea Tanning

«Creo que todo se reduce a poseía o repugnancia, me gustaría invocar la poesía y evitar la repugnancia». Con estas palabras escritas en una carta dirigida a su amigo (también artista) Joseph Cornell en 1948, Dorothea Tanning expresaba cómo había decidido mirar el mundo.

Su fuerte personalidad y su afán por explorar los límites del arte, la llevaron a ser (en sus 101 años de vida) pintora, diseñadora, escultora y poeta. Afirmaba que «es difícil ser siempre la misma persona». Ese carácter poliédrico lo trasladó a su producción artística.

Y es que entre su obras podemos encontrar ejemplos de pintura surrealista llena de inquietantes imágenes.

Anuncios, dibujos publicitarios para grandes almacenes como Macy’s y decorados para ballets.

Pinturas que rozan la abstracción, aunque nunca llegando completamente a ella.

Esculturas blandas con las que creó misteriosas y sugerentes instalaciones.

Y unas memorias, novelas y poemarios que empezó a publicar cuando ya tenía 94 años.

Dorothea Tanning nació en Galesburg (Illinois) en 1910, y desde pequeña mostró sus inquietudes intelectuales convirtiéndose en asidua a la biblioteca municipal. Allí devoraba los cuentos de hadas de Madame d’Aulnoy y la joya de L. Carroll «Alicia en el País de las Maravillas». Tras iniciar sus estudios en el instituto de Arte de Chicago, en el que permaneció sólo tres semanas, se instaló en Nueva York.

Su flechazo con el surrealismo se produjo cuando visitó la exposición «Fantastic Art Dada Surrealism» en 1936 celebrada en el @MuseumModernArt. Años después, confesó que la visita a esa muestra supuso para ella «la ampliación sin límites de la posibilidad».

Tres años después, se mudó a París con el objetivo de aprender de los maestros surrealistas, pero el estallido de la 2ª Guerra Mundial la obligó a regresar a Nueva York a los pocos meses. Sin embargo, su corta estancia en la capital francesa y su contacto con los artistas surrealistas dejó una profunda huella en su estilo como podemos comprobar en las obras que pintó a partir de ese momento

En diciembre de 1942 se produjo un importante acontecimiento en la vida de Dorothea Tanning. El prestigioso pintor surrealista Max Ernst, por recomendación del galerista Julien Levy (gran admirador de la obra de Tanning), visitó su estudio. La razón era que estaba buscando obras para una exposición sobre mujeres artistas que quería organizar su esposa, la famosa coleccionista Peggy Guggenheim, en su nueva galería Arte of this century “Exhibition by 31 Women”.

El objetivo de esta exposición era reivindicar el papel de las mujeres artistas en la historia, y en ella había obras de 31 mujeres de la talla de Frida Kahlo, Leonora Carrington, Leonor Fini, Elsa von Freytag-Loringhoven, Meraud Guevara, Anne Harvey y Valentine Hugo. En esta visita de Max Ernst al taller de Dorothea Tanning, el pintor francés se quedó prendado de la obra «Birthday» y logró que ese cuadro formara parte de la exposición que estaba organizando su mujer. También estuvo presente otra de sus pinturas, «Children’s Game».

Pero además, jugaron al ajedrez, conversaron y se enamoraron. Tras este encuentro, Ernst se separó de Peggy Guggenheim y se casó con Dorothea en una ceremonia doble con Man Ray y Juliette Browner. Permanecieron juntos hasta la muerte del pintor alemán en 1976.

Años más tarde, Peggy Guggeheim recordaba con sarcasmo este duro episodio para ella diciendo que “se llevaban muy bien… Pronto se empezaron a llevar más que bien y me di cuenta de que debí haber tenido solo 30 mujeres en la exposición”. Gracias a @anamontparnasse por contarme esta anécdota.

Pero no sólo realizó pinturas surrealistas (aunque son por las que es más conocida), también pintó obras que se apartaban de ese estilo y llegaban casi a la abstracción.

En los años 70, deja un poco de lado la pintura y comienza a realizar sus famosas esculturas blandas. Con la máquina de coser Singer de su madre, las elabora con telas compradas por ella misma, ropa vieja, lana y pelotas de ping pong.

Y con estas esculturas realizaba instalaciones tan impactantes como esta titulada «Hôtel du Pavot, Chambre 202 (Poppy Hotel, Room 202)» y conservada en el https://www.centrepompidou.fr/es.

Sus últimos años los dedicó a realizar videocreaciones, novelas y poemarios.Un ejemplo de esta etapa la podemos ver en este vídeo del canal de YouTube de la https://www.tate.org.uk/.

En sus obras aparecen figuras recurrentes llenas de simbolismo. Entre ellas destacan las puertas…


perros con rostro humano…

girasoles…

¿Qué simbolismo encierran estas imágenes recurrentes? La propia Dorothea apunta que en sus obras desea “llevar al espectador donde todo se oculta, se revela, se transforma súbita y simultáneamente; donde se pueda contemplar una imagen nunca vista hasta ahora que parezca haberse materializado sin mi ayuda”.

Hay muchas interpretaciones sobre lo que podrían simbolizar estos objetos recurrentes, pero este asunto daría para otro post… ¿Qué pensáis vosotros que querría decirnos Dorothea Tanning?

Se negó a ser etiquetada como mujer artista afirmando que «es una contradicción tan evidente como hombre artista o elefante artista. Puedes ser mujer y ser artista. Lo primero no lo puedes evitar, lo segundo es lo que eres en realidad»

En todo caso, nos encontramos ante una maravillosa artista llena de talento que no ha sido lo suficientemente valorada por la historiografía, ya sea por se mujer y/o por haber estado casada con uno de los grandes pintores del siglo XX, Max Ernst. Sus obras nos sorprenden, intrigan y maravillan, y es que -como decía precisamente Ernst- «el dominio de lo maravilloso es su patria».

Para saber más:

Web

http://www.dorotheatanning.org

Vídeo de Sara Rubayu (La Gata Verde)

Enlaces de la exposiciones que le dedicaron el http://www.museoreinasofia.es y la https://www.tate.org.uk/

MNCARS: https://www.museoreinasofia.es/exposiciones/dorothea-tanning

Tate: https://www.tate.org.uk/whats-on/tate-modern/exhibition/dorothea-tanning

CaixaForum, el magnetismo de un edificio flotante y un jardín vertical [#JuevArte]

Cuando el arquitecto Jesús Carrasco-Muñoz Encina y el ingeniero José María Hernández proyectaron en Madrid la Central Eléctrica del Mediodía en 1899, jamás imaginaron que un siglo después se convertiría en la sede de CaixaForum -uno de los centros culturales más atractivos de la capital de España- y de que en su interior, en vez de calderas generadoras de vapor y dinamos de corriente, se expondrían piezas de Miquel Barceló, pinturas de Ingres, Delacroix, Manet y Picasso así como objetos encontrados en las tumbas de los faraones del Antiguo Egipto.

Y es que el edificio espectacular y vistoso que hoy es la sede de CaixaForum Madrid no ha sido siempre así. Originariamente, fue una fábrica de bujías llamada La Estrella y, posteriormente, se convirtió en la conocida como Central Eléctrica del Mediodía, construida para abastecer de luz eléctrica al sur del casco histórico de la capital.

En el año 2001, “la Caixa” adquirió el viejo edificio abandonado de esta central eléctrica con el objetivo de crear un gran centro cultural y artístico aprovechando su estratégica ubicación: justo en el centro del conocido como “Triángulo del Arte” de Madrid, formado por el Museo del Prado, el Museo Thyssen-Bornemisza y el Reina Sofía. Además, el Jardín Botánico también estaba muy cerca.

Los elegidos para llevar a cabo el proyecto fueron los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, recién galardonados con el Premio Pritzker (el “Nobel” de la Arquitectura) y que acaban de realizar una reconversión parecida en la Tate Modern de Londres.

Aceptaron el reto y asumieron un primer condicionante: al ser uno de los últimos ejemplos de construcciones de arquitectura industrial conservados de Madrid, las fachadas estaban protegidas y debían mantenerse. El edificio estaba formado por dos grandes naves paralelas con fachadas de doble vertiente, una estructura característica de las centrales eléctricas que se construyeron en Madrid a finales del siglo XIX y principios del XX.

Rápidamente se dieron cuenta de que el espacio del que disponía la antigua central eléctrica (2.000 m2) era insuficiente para la dimensión del proyecto que “La Caixa” quería desarrollar. Por eso, vaciaron completamente el interior y ampliaron dos niveles subterráneos y dos plantas más sobre rasante. El resultado final fue una ampliación espectacular del espacio interior, ya que se pasó de los 2.000 m2 iniciales a 10.000 m2.

La siguiente gran intervención fue la eliminación del zócalo de granito del edificio antiguo y su sustitución por tres pilares casi imperceptibles. Esta imaginativa disposición logra crear esa sensación que todo visitante tiene de que el edificio “flota” en el aire, que está “levitando”, creando a la vez un espacio en el que el visitante puede transitar. Transmite la sensación de que el edificio es una escultura y los pilares que lo sustentan su pedestal.

Además, 40.000 de los 115.000 ladrillos que cubren el edificio tuvieron que ser restituidos y la fachada tuvo que ser cosida y encintada.

Otra estratégica decisión fue cambiar la entrada principal. En la antigua fábrica, se situaba en la estrecha y poco transitada calle Almadén, pero los arquitectos suizos decidieron que la entrada a su edificio debía tener más visibilidad e importancia, por eso la colocaron en el Paseo del Prado, una de las arterias importantes de Madrid. Pero se encontraron con un problema: en el lugar elegido había una gasolinera que ocupaba y “tapaba” ese espacio. Solución, convencieron a “La Caixa” para que comprara la gasolinera, cosa que hicieron y, a continuación, la derribaron. Con ello no sólo lograron ubicar la puerta de entrada en un emblemático lugar (Paseo del Prado, 36), sino que crearon una nueva y espectacular plaza pública de geometría irregular de 2.500 m2 que es toda una joya para la ciudad.

De esta manera, el nuevo edificio quedaba conformado estructuralmente de la siguiente forma:

7 niveles estructurados así:

Nivel -2: Aparcamiento, acceso de obras de arte, foyer y auditorio

Nivel -1: Salas polivalentes, taller de conservación, almacén

Nivel 0: Plaza pública, acceso al centro

Nivel 1: Vestíbulo, cafetería, tienda-librería

Nivel +2: Sala de exposiciones

Nivel +3: Sala de exposiciones y mediateca

Nivel +4: Restaurante, oficinas

El foyer y el auditorio ocupan también parte del nivel -1

En la fachada se observan dos niveles diferenciados: el primero conformado con ladrillo (la parte original de la antigua fábrica) y un segundo nivel construido en acero corten. En la zona de ladrillos sólo hay tres vanos: uno que corresponde a la zona de recepción, otro a la zona de talleres y otro a la zona VIP. La razón de esta ausencia de ventanales se debe que corresponde a la primera sala de exposiciones, y si fuera una zona iluminada podría dañar las obras expuestas.

El acero corten del remate del edificio es opaco en las zonas bajas y presenta unas curiosas y llamativas celosías en la parte superior. Estas distintas texturas están relacionadas con la función que realizan: las zonas bajas son opacas para preservar la segunda sala de exposiciones de la luz y en la parte superior, al estar ubicadas la cafetería y el restaurante, las celosías de chapa galvanizada permiten entrar la luz que esta zona sí necesita.

Herzog y De Meuron lograron de esta forma iluminar de una manera muy vistosa y atrevida la atractiva zona de cafetería y restaurante de la última planta. Además, nos han dejado en las celosías (a priori construidas a base de figuras geométricas arbitrarias) dos formas que se repiten en cada paño y que son un curioso y divertido guiño: una con forma de la península ibérica y una cruz, símbolo de la bandera suiza, país del que son oriundos.

También contribuyen a dar un aspecto orgánico a esta zona las lámparas, construidas con silicona y que imitan gotas de agua.

Al edificio se accede a través de una escalera de acero inoxidable que nos conduce al lobby principal, al vestíbulo y a la tienda-librería. El visitante siente una agradable sensación de acogida al repetirse una decoración basada en los mismos módulos geométricos que hay en la plaza pública a través de la que han accedido al edificio.

Pero la verdadera joya de la corona del interior es la escalera central (conocida como la “escalera blanca”) a través de la cual se acceden a las diferentes escancias. Construida en hormigón, tiene una forma helicoidal y su maravillosa iluminación potencia las formas orgánicas, geométricas y volumétricas.

Esta escalera no sólo nos lleva a las dos salas de exposiciones y al fantástico restaurante, sino que nos permite acceder al último gran espacio de este edificio, el Auditorio. Se encuentra en el Nivel -2 último y está concebido como una gran caverna prehistórica al que antecede a través de foyer (con el que comparte la misma estética) repartido en dos niveles y que también da acceso a salas donde se desarrollan talleres educativos. Tiene un aforo de 322 plazas está ubicado exactamente en el lugar donde se encontraban los depósitos de la antigua gasolinera.

Pero, sin duda, uno de los elementos más conocidos de la nueva plaza pública es el espectacular jardín vertical que recibe a los visitantes.

La creación de este tapiz vegetal fue un brillante recurso que encontraron los constructores para solucionar un problema: al derribar la gasolinera y crear una gran plaza, quedaba al descubierto la medianera del edificio colindante y el aspecto era muy poco estético. Para resolver este asunto, y con el objetivo de contrarrestar el aspecto industrial del edificio creando un elemento orgánico, se construyó este primer jardín vertical en España (este tipo de jardines ya existían en ciudades como París, Bruselas, Nueva York, Bangkok, Osaka, Nueva Delhi y Génova). El proyecto le fue encargado al botánico francés Patrick Blanc inventor de esta técnica en 1988 y cuya premisa es que “las plantas no necesitan tierra para vivir, sólo nutrientes, agua, luz y dióxido de carbono”.

De esta manera, construyó un muro vegetal que hoy día sigue siendo el de mayor superficie continua del mundo en una fachada sin huecos. Hay más de 15.000 plantas de 250 especies diferentes y ocupa una superficie de 460 m2.

Patrick Blanc explicó que con este tapiz vegetal quiso recrear la imagen de una pintura contemporánea al igual que Jacques Herzog y Pierre de Meuron quisieron convertir una obra arquitectónica en una escultura.

Y es que el edificio de CaixaForum Madrid es mucho más que una obra arquitectónica, su magnetismo atrapa a todo aquel visitante que se atreve a explorar sus rincones y secretos. Pura magia.

Para saber más:

Página web de CaixaForum:

https://caixaforum.es/es/madrid/home

Vídeo corporativo de CaixaForum:

Web de Herzog & De Meuron:

https://www.herzogdemeuron.com/index.html

Web de Patrick Blanc:

www.verticalgardenpatrickblanc.com