Las «dos Piedades» de Lampa [#AprendoArte]

Quiero compartir con vosotros una bonita y sorprendente historia relacionada con el gran Miguel Ángel, su «Piedad», un senador, la pequeña ciudad de Lampa y dos copias .

Lampa es una ciudad peruana de 15.000 habitantes, perteneciente a la región de Puna, y conocida como la «Ciudad Rosada» por el color de las fachadas de sus casas, ya que están construidas con un material que sale de los volcanes aledaños a la ciudad que tiene ese tono.

En ella, podemos pasear por sus rincones, degustar una sarnita (comida típica que recibe su nombre por las pepitas que lleva y que recuerdan a la enfermedad de la sarna) y disfrutar… ¡de dos copias certificadas por El Vaticano de «La Piedad» de Miguel Ángel!

Pero, ¿cómo es posible que esta pequeña localidad situada a más de 10.500 kilómetros de El Vaticano tenga este gran privilegio?

Pues esta hazaña se debe al fervor artístico de uno de los lampeños más ilustres, Enrique Torres Belón, un ingeniero, empresario y senador que logró algo inimaginable en esa época (y en esta): conseguir que El Vaticano le entregará una copia de «La Piedad» de Miguel Ángel. Y es que este eminente lampeño quedó prendado cuando visitó la Basílica de San Pedro y contempló la belleza de la única obra que el gran artista florentino firmó.

Torres Belón, hombre adinerado, poderoso y muy testarudo, se marcó como objetivo tener una copia exacta de la obra que le había deslumbrado en su visita. Para ello, escribió varias cartas al que, a la sazón, era el Papa, Juan XXIII. No sabemos a ciencia cierta cómo lo logró, pero finalmente Juan XXIII accedió, sorprendentemente, a enviarle una copia exacta de la «Piedad» en yeso cristalino.

En Lampa se cuentan muchas leyendas en torno a cómo logró convencer Torres Belón al Papa: desde que una de sus hermanas era monja de El Vaticano e intercedió de manera decisiva, hasta que el senador lampeño le puso «un cheque en blanco» al pontífice para lograr su objetivo.

Sea como fuere, la realidad es que en 1961 una copia en yeso cristalino, elaborada por un equipo de restauradores de El Vaticano, de la inmortal obra de Miguel Ángel llegaba a la ciudad de Lampa.

Torres Belón veía así cumplido su sueño. El lugar donde quería ubicarla era en la cúpula de un mausoleo que se había hecho construir en la Iglesia de Santiago Apóstol (construida entre 1685 y 1776) cuya restauración sufragó él mismo entre los años 1960 y 1968.

Cuando se dispusieron a ubicarla, comprobaron que aún siendo una copia en yeso, el peso podría no ser soportado por la cúpula del mausoleo. Fue entonces cuando tomaron la decisión de hacer una copia en otro material más liviano: el aluminio negro. Pidieron permiso al Papa para realizar esta segunda copia y éste accedió con la condición de que la copia en yeso fuese, una vez realizada la de aluminio negro, destruida. Escultores de Lima la realizaron, la llevaron a Lampa y pudieron ubicarla en el lugar elegido.

De esta forma, Torres Belón lograba su objetivo y su mausoleo quedaba coronado por una copia de «La Piedad» de Miguel Ángel, eso sí, de color negro (los lugareños la llaman «La Piedad Negra»), algo que impacta y sorprende mucho a los visitantes cuando la ven.

Bajo esta cúpula descansan actualmente no sólo los restos Torres Belón, sino los de su madre (Cecilia Belón) y su esposa (la estadounidense Esther Phillips). Los esqueletos que los acompañan (y aportan un aspecto algo escabroso…) son de clérigos de esta iglesia.

¿Y qué ocurrió con la copia en yeso?
Pues que no se cumplió la condición de destruirla que había impuesto el Papa y se trasladó a la Biblioteca Municipal, donde actualmente se sigue exhibiendo, junto a 8.000 libros que donó el propio Torres Belón.

Pero la historia no acaba aquí…

El 21 de mayo de 1972, casi tres años después de la muerte de Enrique Torres Belón, Laszlo Toth -un geólogo húngaro con problemas mentales- entró a El Vaticano y al grito de «Soy Jesucristo resucitado de entre los muertos» golpeó hasta quince veces a «La Piedad» original.

Los daños se concentraron fundamentalmente en la nariz, uno de los párpados, el brazo izquierdo y el codo de la Virgen, así como la rodilla de la figura de Jesucristo. En total se contabilizaron más de 50 fragmentos.

El acontecimiento dio la vuelta al mundo y, tras varias discusiones sobre la idoneidad de reconstruirla o dejarla cómo había quedado, se decidió acometer la restauración.

El equipo de restauradores se puso manos a la obra en la reconstrucción, que se desarrolló entre 1972 y 1973 en los laboratorios de los Museos Vaticanos. Para ello, utilizaron una copia que ya poseía la Santa Sede, varios calcos y las más de 5.000 fotografías que la había realizado el Robert Hupka durante la Exposición Universal de Nueva York en 1964, evento en el que «La Piedad» presidía el pabellón de El Vaticano (única vez que esta obra salió de la Santa Sede).

ROBERT HUPKA

Pero, además, sabemos que -unos meses después del ataque- una delegación de restauradores y escultores de El Vaticano enviados por el Papa Pablo VI visitaron durante diez días Lampa para fotografiar y tomar las medidas de la copia en yeso para tenerlas en cuenta en la restauración de la original.

De esta manera, la copia que Torres Belón logró traer desde El Vaticano, colaboró en la restauración de «La Piedad» original, hecho del que se sienten muy orgullosos todos los lampeños y que cuentan a los visitantes que se interesan por «sus dos Piedades», sus dos joyas.
Y es que tener «Dos Piedades» en tu ciudad te hace sentir, como dirían por allí: ¡MUY CHÉVERE!

*Muchas gracias a @LuRicone (cuenta de Twitter) por su valiosa ayuda en lo referente a los pasos que se dieron en la restauración de «La Piedad» original.

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