Joachim Patinir, “el buen pintor de paisajes” [#JuevArte]

Amberes, 1515. Las calles de esta ciudad, de cerca de 50.000 habitantes, son un hervidero en las que el auge económico se hace notar en cada esquina. En uno de los numerosos gremios de pintores de la ciudad, el de San Lucas, un joven y desconocido pintor nacido en la localidad de Dinant (al sudeste de Bélgica), se inscribe como nuevo integrante. Se trata de Joaquim Patinir, el considerado primer pintor de paisajes.

Historiográficamente, forma parte de los conocidos como pintores primitivos flamencos, grupo al que pertenecen figuras como Van Eyck, Van der Weyden, Van der Goes o Gerard David.

De este pintor flamenco tenemos pocos datos biográficos. Sabemos que debió nacer entre 1480 y 1485 y que desarrolló su carrera íntegramente en Amberes. Se casó en dos ocasiones y tuvo 3 hijas: Brigitte y Anna con su primera esposa (Francine Buys) y Pertenelle con Jehanna Noyts, su segunda mujer. Los archivos de la época nos informan de que en 1524 Jehanna Noyts ya era viuda, por lo que Patinir debió fallecer ese mismo año. También sabemos que ambas mujeres pertenecían a familias adineradas, es decir, que Patinir disfrutó de una cómoda situación económica tras sus casamientos. Esto explica que realizara tan pocas obras, en torno a 60, ya que no necesitaba pintar para vivir. De entre ellas existen en este momento 29 obras que consideramos obras suyas.

Cuando Patinir llegó a Amberes, sabía que era el centro neurálgico de la pintura en esa época y que la competencia que iba a tener iba a ser muy grande (más de 100 talleres de pintura y todos los días del año una lonja abría con más de 300 puestos de venta de cuadros). Si quería destacar debía crear algo distinto. Por eso decidió que la novedad que aportaría su pintura sería totalmente revolucionaria: en sus cuadros, el paisaje tendría todo el protagonismo.

Especialmente habitual era, en esa época, la representación de un paisaje visto a través de la ventana de una estancia en la que se desarrollaba una escena (conocido como representación de “los lejos”). Su arriesgada apuesta logró su objetivo, rápidamente obtuvo un gran éxito y los encargos empezaron a llegarle.

No sólo innovó en cuanto a la temática del cuadro, sino que creó un estilo personal y reconocible caracterizado por la representación de paisajes rocosos y, en muchas ocasiones, ríos y lagunas. Esas peculiares rocas y ríos que vemos es sus tablas es muy probable que sean recuerdos de su Dinant natal, donde existen estructuras rocosas prácticamente idénticas (conocidas como “Rocher Bayard”) y el cauce del río Mosa, que baña esta bonita localidad, es prácticamente igual al que aparece reflejado en muchas de sus obras.

También es muy peculiar y original el tipo de perspectiva que utiliza. Consiste en la utilización de franjas horizontales paralelas de terreno que se superponen en retroceso hacia el fondo. La de primer término se ve desde arriba y permite examinar de cerca las figuras y objetos representados. La franja inmediatamente superior representa cuando el paisaje se aleja, y el punto de vista se acerca más al del nivel de los ojos; y la tercera franja presenta un horizonte muy alto y la mirada se convierte adquiere un carácter más telescópico. Además, las personas, vegetación y animales representados en el cuadro se ven siempre de frente, sea cual fuere su colocación en el cuadro. Este tipo de paisaje tan peculiar fue denominado “paisaje del mundo”.

Desde el punto de vista cromático también advertimos esa división en franjas, predominando los tonos pardos, verdes y azules según ascendemos en la escena, apareciendo casi siempre un gran fogonazo blanco en lo más alto de la obra que rompe la línea con el horizonte. Pero es ese azul tan intenso y maravilloso el que es más fama y prestigio ha dado a Patinir. Para lograrlo utilizó pigmentos de azurita, un carbonato básico de cobre que logra dar ese aspecto

Otro aspecto que hay que señalar en referencia a su estilo es la influencia de El Bosco, además de la de los miniaturistas de la época

Se cree, como ya señalamos anteriormente, que pintó alrededor de 60 cuadros, de los cuales sólo conservamos 29. En la actualidad, 4 están en el Museo Nacional del Prado, 1 en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, 1 en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y el resto se encuentran diseminados por Europa, Filadelfia, Mineápolis y Nueva York. Sabemos que uno de sus grandes admiradores fue Felipe II, que llegó a reunir en vida.

El famoso grabador alemán Alberto Durero, uno de los grandes de la Historia del Arte, mantenía con Patinir una relación de amistad y admiración mutua desde que se conocieron con motivo de su viaje a los Países Bajos entre 1550 y 1551. En su “Libro de Viaje” describió a Patinir como como “der gute Landschaftmaler” («el buen pintor de paisajes»). Sabemos que acudió a su segunda boda y gracias a unos grabados que le regaló tenemos la única imagen de Patinir que se ha conservado gracias a la versión de Cornelis Cort, ya que los originales se perdieron.

En torno a la pintura de Patinir han surgido asuntos curiosos y anecdóticos. Por ejemplo, sabemos que firmó sus primeras obras y las últimas las dejó sin firmar. Sin embargo, sus contemporáneos descubrieron que en muchas de sus obras aparecía la pequeña figura de un hombre defecando, hecho que le valió el apodo de “Kaker” (“El defecador”) y que corriese la creencia de que era una manera “secreta” de firmar. Otras teorías apuntan a que se trata de figuras alegóricas al pecado, al infierno y a la muerte.

Otro elemento que hemos podido saber sobre este autor era que representaba la vegetación con gran precisión. A esta conclusión llegó el investigador botánico, paisajista, jardinero y maestro de jardineros Eduardo Barba que, ha inventariado, de las aproximadamente 1.700 piezas que muestra el Prado, todas aquellas en las que aparecen plantas y que podemos conocer a través de esta conferencia.

El Museo del Prado le dedicó una exposición en el año 2007, comisariada por Alejandro Vergara (Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte hasta 1700), en la que se lograron reunir la 29 obras conocidas.

Además, produjo un documental titulado «Patinir y la invención del paisaje» que, por su calidad y valor, recomiendo a todo aquel que quiera profundizar en la obra de este pintor. En el siguiente vídeo se puede ver un resumen.

Y es que Patinir es un pintor cuyas obras mezclan realidad y fantasía, haciéndonos imaginar y elucubrar qué está pasando en esos paisajes que evocan su Dinant natal.

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