Vermeer, la luz de Delft (2ª parte)[#JuevArte]

La vida de Vermeer sufrió un serio revés con el inicio de la Guerra Franco-Holandesa en 1672 y la crisis económica que generó este conflicto. Comenzó a tener problemas tanto para vender sus cuadros como para comerciar con los de otros autores.

Esto le obligó a solicitar varios préstamos y endeudarse gravemente. La situación le angustió de tal manera que, en palabras de su mujer, Caharina Bolnes, «entró en un delirio y en el plazo de un día o día y medio pasó de un estado de salud plena a la muerte».

Se ha apuntado como posible causa médica de su fallecimiento una apoplejía o a un infarto. Sea como fuere, la realidad es que Vermeer fue enterrado el 15 de diciembre de 1675 en la Oude Kerk de Delft (Iglesia Vieja) en la tumba familiar que había comprado su suegra María Thins.

La situación económica en que quedó su familia fue nefasta y su viuda tuvo que renunciar a la herencia para hacer frente a parte de las deudas. Aún malvendiendo los cuadros de su marido, no logró recuperarse nunca de esta situación económica y murió en 1687 en la ruina.

Tras la muerte de Vermeer, su legado fue desapareciendo hasta casi caer en el olvido. Incluso, sabemos que algunos de sus cuadros fueron atribuidos a otros pintores contemporáneos suyos más valorados (como, por ejemplo, Peter de Hooch) para poder venderlos a un precio mayor.

Aún así, no podemos decir que desapareciera del todo, ya que existen catálogos de subastas de entre 1700 y 1850 en los que figuran obras suyas, como, por ejemplo, «Muchacha leyendo una carta frente a la ventana» (que en una venta posterior fue atribuida a Rembrandt).

Pero su gran redescubrimiento no se produce hasta el siglo XIX. Théophile Thoré-Bürger, un crítico de arte francés, queda fascinado cuando visita en 1842 el Museo Mauritshuis (La Haya) y contempla el cuadro «Vista de Delft».

Tanto es el impacto que le produce que comienza a investigar y logra catalogar en 1859 la obra “En casa de la alcahueta” de la Dresdner Galerie y, posteriormente, “La lechera” y “La callejuela”, que pertenecían a la colección Six de Ámsterdam.

Y partiendo de estos tres cuadros, fue capaz de encontrar y hacer públicas cerca de la mitad sus obras.En 1866 publica dos artículos elogiando a Vermeer y un catálogo con más de 73 obras (finalmente sólo 45 estaban correctamente atribuidas) en la Gazzette des Beaux-Arts.

Esta publicación supuso la presentación al mundo de nuestro protagonista y su redescubrimiento oficial.sin embargo, su gran labor tuvo un inconveniente: las numerosas atribuciones de obras a Vermeer de manera errónea generaron mucha confusión en los años posteriores.

Thoré-Bürger murió en 1869 y el testigo, como gran especialista en Vermeer, lo tomó un joven estudioso del arte holandés de la época llamado Abraham Bredius, que logró encontrar e identificar sus dos primeras obras: «Cristo en casa de Marta y María» y «Diana y sus compañeras».

La fama de Vermeer comenzó a crecer rápidamente, y a principios del S. XX sus obras se convierten en objeto de deseo de grandes coleccionistas de EEUU como Isabella Stewart Gardner, H. Clay Frick o el banquero John Piermont Morgan Sr.

14. Y desde entonces, el prestigio y el valor de Vermeer no ha dejado de crecer. Importantes museos del mundo le han dedicado maravillosas exposiciones como el https://www.museodelprado.es/ en 2003 👉https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/vermeer-y-el-interior-holandes/462d572e-bbb2-4b22-9f18-9b4e2591dc05 y el http://www.louvre.fr en 2017 👉 https://www.louvre.fr/en/expositions/vermeer-and-masters-genre-painting.

Y, ante la imposibilidad de reunir todas sus obras en una exposición, su Delft natal le ha dedicado un curioso museo en el que podemos disfrutar de reproducciones de sus 35 cuadros a tamaño natural, así como de sus utensilios pictóricos y técnicos 👉 http://www.vermeerdelft.nl/nl/

Algo parecido, pero en versión digital, podemos encontrarlo en este proyecto de https://artsandculture.google.com/ que consiste en la recreación virtual de un museo en el que se conservan todas sus obras en realidad aumentada. ¡Es un auténtico espectáculo visitarlo! Este es el enlace: https://artsandculture.google.com/project/vermeer?hl=es

Las obras de Vermeer han sufrido robos («La carta», «La guitarrista» y «Dama escribiendo una carta y sirvienta» fueron sustraídas y felizmente recuperadas, pero «El concierto» sigue en paradero desconocido desde que fue robada en 1990 del @gardnermuseum) y falsificaciones…

Y el protagonista de estas falsificaciones fue uno de los más famosos de la historia, ni más ni menos que Han van Meegeren. Como su historia da para -al menos- otro post, os dejo este enlace que lo explica muy bien : https://www.labrujulaverde.com/2017/10/la-historia-de-han-van-meegeren-el-falsificador-que-confeso-para-no-ser-acusado-de-colaboracionismo-nazi

Y para terminar, haré un pequeño recorrido por algunas curiosidades de 4 de sus mejores obras. No será un comentario formal (hay mucha información de ese tipo ya en Internet), sino que me centraré en pequeños detalles que pueden llegar a pasar inadvertidos. ¡Allá vamos!

Sobre la identidad de «La joven de la perla» del @mauritshuis han corrido ríos de tinta (María, la hija mayor de Vermeer, una de sus sirvientas llamada Griet e,incluso, la hija del comisario de Delft). Sin embargo, no se trata de una representación de una persona real, sino de un «Tronie» un tipo de representación habitual en el barroco holandés en el que los pintores representaban un retrato con una expresión facial llamativa para mostrar sus dotes pictóricas y no con intención de representar a ninguna persona real.

Otro aspecto llamativo es la famosa perla: si nos acercamos, comprobaremos como el pintor es capaz de crearla sólo con una gruesa pincelada…

Y los ojos son una auténtica genialidad…

A título anecdótico, podemos recordar que Bansky recreó recientemente en una gran pared blanca del barrio portuario de Place Hanover (Bristol) esta obra. Su originalidad consistió en que utilizó la alarma del edificio para convertirlo en el pendiente del cuadro de Vermeer. Los vecinos de Bristol, jocosamente, rebautizaron esta obra como «Girl with Pierced Eadrum» (La joven con el tímpano perforado). 


Otra de sus obras más famosas es «La lechera», conservada en el https://www.rijksmuseum.nl/. En ella, Vermeer realiza un espectacular estudio de la luz y consigue transmitir una serenidad y una paz maravillosas. Hay algunos detalles en los que merece la pena fijarse…

En la ventana aparece un cristal roto con el que juega a la hora de iluminar la escena…

Y un clavo (del que podría haber colgado un mapa o un cuadro) que se encuentra solo en la pared y proyecta una sombra sólo al alcance de un gran maestro.

Y vemos cómo utiliza el «pointillé» (técnica pictórica que se basa en dispersar en toda la superficie del cuadro pequeños puntos de luz y que sólo usó él de entre sus contemporáneos) para representar los alimentos y los utensilios de cocina.

Y cómo utiliza puntos azules en la jarra, el cuenco y la leche para crear esa atmósfera lumínica tan personal y mágica.

Otros detalles son la estufa de pie (inicialmente había pintado una cesta llena de ropa) que puede simbolizar el calor del hogar o el amor conyugal, y un azulejo con la figura de Cupido que reforzaría esta última idea.

Otra de sus obras maestras es «El arte de la pintura» (también conocida como «Alegoría de la pintura») que se conserva en el https://www.khm.at/ de Viena.

Fue una de las obras que más apreciaba el pintor y de la que nunca se desprendió. De hecho, habiendo ya fallecido él, su mujer se la cedió a su madre (aduciendo una deuda con ella) para que los acreedores no se la arrebataran. Aparece representada Clío, musa de la Historia, y un pintor que hay quien ha relacionado con el propio Vermeer (teoría que no está aceptada actualmente).

Probablemente fuera una obra que utilizaba para mostrar su capacidad artística a sus futuros clientes, de ahí su interés por no perderla.El mapa de la pared tiene un gran protagonismo en la escena. La cartografía y los globos celestes están presentes también en otras obras

Gracias a Kevin R. Wittmann (@kr_wittmann), uno de los mejores especialistas en cartografía que conozco, he sabido que la producción de mapas y globos celestes en los Países Bajos en el S. XVII fue una de las más importantes por su calidad técnica y artística.

Quizá para darle valor, y para reflejar fielmente el interior de las casas de la población con cierto estatus económico, Vermeer representó estos mapas y globos celestes en sus obras.

En «El arte de la pintura», el mapa corresponde a uno realizado por Claes Jansz Vischer hacia 1692 y en él se representan las 17 provincias de los Países Bajos antes de la firma del Tratado de Westfalia.

El pintor ejerce una suerte de ilusionismo y juega con nosotros utilizando la cortina del ángulo superior derecho: está colocada de tal manera que tapa una esquina del mapa, parte de la trompeta, la silla y la mesa, invitándonos al espectador a «entrar en el cuadro» y retirarla.

Además, podemos ver su firma justo en la parte baja del mapa.

Hay quien ha señalado que la pata derecha del caballete no aparece porque fue eliminada voluntariamente por el pintor. Sin embargo hay quien niega esto aduciendo que queda perfectamente oculta tras el taburete y la pierna del pintor… ¿qué opináis?

«Vista de Delft», conservada en el @mauritshuis es -junto con «La callejuela»- el único paisaje que conocemos de Vermeer.

Marcel Proust, gran admirador de Vermeer, dijo de esta pintura que era «el más bello cuadro del mundo».En esta obra utiliza la técnica del «pointillé» sólo en los edificios y las personas, no en el agua.

En el cuadro aparecen 15 personas. Las 6 que están en primer plano, muestran su clase social a través de su indumentaria.

Se han hecho numerosas investigaciones para saber desde qué lugar exacto realizó Vermeer esta obra y se han identificado varios de los edificios que hay siguen en pie. Entre ellos, podemos ver el Oude Kerk de Delft (Iglesia Vieja) donde está enterrado nuestro protagonista.

Y es que en las obras de este gran pintor holandés, se pueden encontrar, siempre y cuando busquemos bien, simbologías y mensajes muy interesantes. Y si no los encontramos, siempre nos quedará su luz, la luz de Delft.

Vermeer, la luz de Delft (1ª parte) [#JuevArte]

“La lechera”, “La joven de la perla”, «Vista de Delft» y “El arte de la pintura” son algunas de las obras más conocidas -y que ya forman parte del imaginario de los aficionados al arte- de Johannes Vermeer, uno de los artistas que más fascinación despiertan actualmente.

Sólo conservamos 36 cuadros suyos distribuidos en 18 museos de 7 países diferentes. Una cifra irrisoria si lo comparamos con las de los pintores contemporáneos suyos. En total, su producción no debió superar las 60 obras (lo sabemos gracias a actas de subastas e inventarios).

Sus obras nos transmiten paz, tranquilidad, sosiego y siempre nos reserva algún mensaje oculto (en los objetos o la escena representada) que el espectador debe tratar de adivinar. Y, por supuesto, la luz, esa luz tan personal de Vermeer que llena de magia la escena.

No conocemos cómo era su aspecto físico. Se ha apuntado que se autorretrató en su obra, «En casa de la alcahueta», pero es algo que está descartado en este momento. También se ha dicho que se autorretrató de espaldas y pintando el «El arte de la pintura»

Sí sabemos que nació en la ciudad holandesa de Delft en 1632 y conservamos su partida de bautismo (Gracias a Gerardo Gilsanz @GGilsanz por facilitarme este valioso documento). Sus padres se llamaban Reyner Janszoo Vos (en 1640 cambió su primer apellido por el de «Vermeer») y Digna Baltens.

Su padre regentaba una posada a la que acudían un gran número de pintores y también ejercía como marchante de arte. Probablemente esto influyó en el nacimiento de la vocación artística del joven Vermeer. En la imagen vemos el aspecto actual de la posada

No conocemos dónde se formó como pintor (probablemente en las cercanas ciudades de Amsterdam o Utrech) ni quien fue su maestro. Se ha apuntado en algún momento a la figura del pintor Carel Fabritius, discípulo de #Rembrandt, como su mentor e incluso a Pieter de Hooch.

Sin embargo, no hay ningún documento que así lo acredite. En todo caso, aunque en sus obras podamos apreciar influencia de pintores contemporáneos suyos (especialmente en la temática), desarrolló un estilo muy personal (incluyendo la técnica del pointillé) que lo diferenció claramente del resto.

1653 fue un año decisivo tanto para su vida personal como para su trayectoria artística, ya que entró a formar parte del gremio de pintores de San Lucas y contrajo matrimonio con Catharina Bolnes, una católica y acaudalada mujer. El enlace no fue visto con buenos ojos por María Thins, la madre de la joven, probablemente por la diferencia de estatus económico y, sobre todo, porque Vermeer era calvinista. En este imagen podemos ver cómo el nombre de María Thins aparece tachado en el acta de casamiento.

En este imagen podemos ver cómo el nombre de María Thins aparece tachado en el acta de casamiento

Aunque, finalmente (y tras convertirse Vermeer al catolicismo), acabó aceptando a su yerno y se convirtió en su colaboradora y protectora en los malos momentos.El matrimonio tuvo 15 hijos, aunque 4 de ellos murieron antes de cumplir un año.

También por esas fechas apareció otra figura crucial en la vida de #Vermeer, Pieter Claesz van Ruijven (1624-1674), un coleccionista local que se convirtió en su mecenas. Disfrutó de su apoyo durante toda su vida y está documentado que llegó a acumular hasta 21 cuadros suyos.

La existencia de este gran mecenas, unido a que también obtenía dinero a través de su labor como marchante de arte, puede explicar lo escaso de su producción. Pintaría por encargo y realizaría entre 2 y 3 cuadros por año.

Comienza su carrera realizando cuadros religiosos y mitológicas de gran tamaño con un estilo italianizante que abandonó rápidamente. Estas son: «Cristo en casa de Marta y María» y «Diana y sus compañeras».

Pero a partir de 1657 adopta una temática y un estilo distinto. Son cuadros que representan el interior doméstico de las gentes de su ciudad natal y su tamaño es menor al estar destinados a ser colgadas en las casa de los burgueses. El primer ejemplo es “Joven dormida”.

A partir de ese momento realiza obras en las que convierte en protagonista el estado psicológico de las mujeres representadas y realiza ese tratamiento de la luz (siempre entrando por una ventana situada en la parte izquierda) que le convierte en un pintor especial.

En otras obras introduce la figura del hombre en actitudes que podrían ser de galanteo de galanteo y en las que nos deja mensajes a través de los objetos representados. Por ejemplo, en la presencia del vino en estas dos obras

En otras obras introduce otro de sus elementos característicos, la música. Lo vemos en “La lección de música”, “Mujer con laúd”, “Dama al virginal” y «La guitarrista». Esta utilización de la música es probable que quisiese transmitir connotaciones amorosas y de elegancia.

También en esta etapa realiza sus dos únicas pinturas que representan paisajes, “La callejuela” y una de sus obras maestras, “Vista de Delft”. Esta última nos lleva a uno de los temas más controvertidos sobre la pintura de Vermeer: ¿utilizó la famosa cámara oscura?

Sabemos que los pintores holandeses del S. XVII sí la utilizaba y es muy probable que él también (aunque en el inventario de sus bienes no figura ninguna), pero en lo que casi todos los entendidos coinciden es en que experimentó con ella, fue un elemento más en su trabajo, pero no fue clave en su producción artística.

En lo que también parece haber consenso es en que utilizó el telescopio invertido en la «Vista de Delft» (gracias a Gerardo Gilsanz @GGilsanz por facilitarme esta información). Este asunto es apasionante, pero es muy amplio y da para otro post, por lo que otro día tocará profundizar…

Lo que también sabemos es que, para captar la perspectiva, utilizó la técnica del clavo y el cordel (en 13 obras) que consistía en que el artista fijaba un punto de fuga en la línea imaginaria del horizonte, clavaba un clavo en ese punto del lienzo y ataba un cordel al clavo. A continuación, el pintor lo tensaba y lo dejaba caer sobre la superficie del cuadro, obteniendo así las líneas que indicaban la disposición correcta de las ortogonales. Esto lo podemos ver en su obra «La lección de música».

Su última etapa pictórica coincide con la realización una de sus obras más celebradas “El arte de la pintura” . También a esta época pertenecen las dos únicas obras en las que la figura masculina es la protagonista, “El Astrónomo” y “El Geógrafo”. Se ha especulado con la posibilidad de que el retratado fuera el famoso naturalista Anton van Leeuwenhoek.

No tenemos documentos que acrediten exactamente el tipo de contacto que tuvieron estos dos grandes hombres de Delft. Sin embargo, sí sabemos que Leeuwenhoek fue nombrado albacea de los bienes de Vermeer al morir éste, hecho que demuestra de manera inequívoco que se conocieron. En este vídeo, el profesor Rafael López Borrego nos habla de manera muy didáctica de esta relación, de la cámara oscura -y de otros aspectos interesantes sobre Vermeer y su época- utilizando como hilo conductor el libro de Laura J. Snyder «El ojo del observador» .

Probablemente, sus dos últimas obras fueron «Alegoría de la fe» y «Mujer sentada tocada el virginal». Dos obras que rompen con su tradicional estilo y que corresponde a sus últimos años de vida, en los que estaba sumido en una gran crisis fruto de sus problemas financieros.

Pero de cómo termina la trayectoria artística de Vermeer, cómo y cuándo fallece, cómo cae prácticamente en el olvido durante dos siglos y cómo vuelve a resurgir su figura a partir del S. XIX y de las múltiples anécdotas y curiosidades que giran en torno a esta genio de la pintura, así como de los secretos de sus principales obraas, hablaremos en el próximo #JuevArte (29 de agosto). ¡Os espero a todos!

Fotografías:
Las imágenes y documentos que he utilizado provienen de http://artsandculture.google.com y de https://www.secondcanvas.net/es/.

Museo de Escultura al Aire Libre de La Castellana, un joya en el corazón de Madrid [#JuevArte]

En pleno corazón de Madrid, podemos ver, tocar y, sobre todo, disfrutar las 24 horas del día de las obras de escultores españoles de la talla de Eduardo Chillida, Joan Miró, Julio González, Martín Chirino, Pablo Serrano o Manuel Rivera. Sólo hay que visitar el Museo de Escultura al Aire Libre de La Castellana, posiblemente uno de los atractivos artísticos de la capital de España más desconocidos.

El origen de este museo hay que buscarlo en la construcción del puente bajo el que se encuentra ubicado. Este paso elevado, de 320 metros de longitud por 16 metros de anchura y que conecta las calles de Serrano y Eduardo Dato, se inauguró el 23 de septiembre de 1970 y el proyecto corrió a cargo de los ingenieros Alberto Corral López-Doriga, José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón. El tablero del puente lo construyeron combinando el acero cortén (que le da ese tono cobrizo) y hormigón blanco, mismo material que utilizaron para los grandes pilares que lo sustentan.

El proyecto original se completaba con la creación de una zona ajardinada y la construcción de una galería comercial. Pero los ingenieros decidieron dar un giro y plantearon la posibilidad de crear un espacio innovador en España: un museo al aire libre. Recurrieron al artista cinético Eusebio Sempere, quien se involucró rápidamente en el proyecto.

El principal obstáculo con el que se encontraron fue el económico, pero Sempere logró solventarlo al conseguir involucrar en el proyecto a otros 16 escultores de la vanguardia española de la época convenciéndoles para que donasen (ellos o sus familias en los casos de los que ya habían fallecido o estaban en el exilio) una escultura cada uno al futuro museo. En algunos casos, donaron obras ya realizadas previamente y, en otras, esculpieron la pieza exprofeso para el museo. De este modo, el Estado sólo debía hacerse cargo del coste de los materiales y la instalación de las piezas. Eusebio Sempere, además de esta brillante gestión oprganizativa, aportó la barandilla del puente, los asientos en forma de “S” que se encuentran distribuidos por todo el museo y una fuente que alberga en su pila una escultura del artista canario Martín Chirino.

El 7 de julio de 1971 el proyecto Parque-Museo fue presentado a la Gerencia de Urbanismo para ser sacado a concurso. Los objetivos principales del proyecto eran crear un espacio común para el disfrute de los ciudadadanos y acercar el arte contemporáneo al pueblo español, algo poco habitual en ese momento. Sólo un año después, el museo se abrió al público con 17 obras escultóricas de 17 artistas españoles: Andreu Alfaro, Eduardo Chillida, Martín Chirino, Amadeo Gabino, Julio González, Rafael Leoz, Marcel Martí, Joan Miró, Pablo Palazuelo, Manuel Rivera, Gerardo Rueda, Alberto Sánchez, Eusebio Sempere, Pablo Serrano, Francisco Sobrino, José María Subirachs y Gustavo Torner.

El espíritu del museo era crear un diálogo entre las obras, su entorno y los visitantes, los cuales podrían ver, disfrutar y tocar las piezas debido a los materiales con los que están esculpidos así lo permitían.

Todas las obras expuestas tienen calidad e interés, pero yo destacaría las siguientes:

“Toros ibéricos” (1957-1958) que el escultor toledano Alberto Sánchez (conocido artísticamente como Alberto) realizó en su exilio moscovita tras la Guerra Civil. En esta obra de bronce, se vale de volúmenes cúbicos para aglutinar en una sola pieza varios cuerpos de toros.

“La petite faucille” (1937) de Julio González nos muestra su capacidad para, como solía decir, “dibujar en el aire”. Observamos una figura filiforme la representación aún figurativa de una figura femenina sosteniendo una hoz.

“Mère Ubu”, esculpida en 1975 por Joan Miró. El empleo de suaves curvas y el juego de presencias y ausencias espaciales, unido a un deslumbrante pulido, convierten a esta obra en una de las joyas del museo.

En la parte superior del museo nos encontramos con la fuente realizada por Eusebio Sempere en la que reproduce el motivo en “S” de la barandilla del puente. Y en el pequeño estanque donde desembocan sus aguas nos encontramos con una de las mejores piezas de la colección, la escultura “Mediterráneo” del artista canario recientemente fallecido Martín Chirino.

Esta escultura pertenece a la serie “Mediterráneas” iniciada tras una estancia de dos meses en Grecia en el verano de 1964. La característica de esta serie es la introducción del color, algo totalmente novedoso en la producción de este artista. Es probable que quisiera evocar con este cromatismo los espectaculares atardeceres que pudo disfrutar en tierras helenas. Esta obra en particular fue realizada con láminas de acero soldadas y sus curvas y contracurvas le aportan un dinamismo y una expresividad que se ve acrecentada por el sonido del agua de la fuente de Sempere. Un gran conjunto.

Justo delante nos encontramos con la obra “Estructuración hiperbólica del espacio” del arquitecto y urbanista Rafael Leoz. Su gran a aportación al ámbito de la arquitectura fue la creación de su conocido Módulo Hele (conocido como módulo Hele).

Su carácter de investigador geométrico se ve reflejado en esta escultura de acero inoxidable, elaborada por una sucesión de cuerpos geométricos dispuesto en orden decreciente en una secuencia que se repite tres veces: un cubo que contiene un poliedro de seis cuadrados y ocho hexágonos (conocido como poliedro de lord Kelvin) que a su vez contiene un octaedro regular. El resultado es una pieza de gran complejidad.que busca, en palabras del propio autor «la representación volumétrica, simbólica y compendiada», en la que se estudia una determinada división y ordenación espacial del cubo».

La obra que Eusebio Sempere donó al museo fue este «Móvil» (1972) de tres metros de anchura por dos de altura realizado con varillas de acero inoxidable de fabricación industrial. Sempere fue un maestro de los juegos ópticos, y en esta escultura lo demuestra, ya que debido a la ligereza de la obra, una fuerte corriente de aire o las vibraciones del propio puente pueden poner en movimiento el propio la escultura, con lo que se generan la alteración ópticas y el efecto famoso efecto “moiré” (sensación visual producida por la interferencia de dos rejillas con un ángulo, tamaño o forma ligeramente diferente y genera una sensación de movimiento).

Al otro lado de la Castellana, encontramos la obra que cierra el museo y que pertenece a la serie comenzada en 1966 titulada “Unidades- Yunta” del aragonés Pablo Serrano. Está formada por dos piezas de bronce que pueden exponerse por separado (como están en el museo) o unidas, ya que están diseñadas para encajar perfectamente. El autor trató de simbolizar la fusión de fuerzas opuestas, la unión de la materia interior y de la exterior. Esta dicotomía también se advierte en la textura de la obra, siendo rugosa en su parte externa y muy pulida en las partes internas (cubiertas, además, por una pátina dorada).

La obra que probablemente más curiosidad despierte de todo el museo es la de Eduardo Chillida titulada originariamente “Lugar de encuentros III” (1972) y que forma parte de una serie en la que el escultor vasco experimenta con un material novedoso en su obra como es el hormigón armado. El significado y objetivo de esta obra nos lo explica el propio autor con estas palabras: “El nombre le viene de su misma esencia. Es un Lugar de Encuentros entre las personas. La escultura está a 70 centímetros del suelo, una altura humana. Y los espacios interiores de la obra son como los pulmones de la escultura, entre los cuales la gente se puede meter y encontrarse”.

Sea como fuere, la realidad es que la pieza vivió un peregrinaje que la llevo en primer lugar a la Fundación Maeght de París y después a la Fundación Miró de Barcelona, en donde permaneció hasta que el 2 de septiembre de 1978 (y tras muchas presiones especialmente de los artistas de su generación), volvió a ser instalada en el lugar que actualmente ocupa en el museo. Este peregrinaje y vicisitudes le valió el sobrenombre (impulsado fundamentalmente desde el ámbito periodístico) por el que se la conoce hoy día, “Sirena varada”.

La cuidada iluminación nocturna intensifica la espectacularidad del entorno e invita al transeúnte a detenerse y disfrutar de un ambiente agradable y mágico.

Se trata, pues, de uno de un museo en el que disfrutar e interactuar al aire libre con las obras de algunos de los mejores escultores españoles del siglo XX. Y además, 24 horas al día y 7 días a a la semana.

Para saber más:

Página del Ayuntamiento de Madrid dedicada all Museo de Escultura al Aire Libre de La Castellana:

https://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/Contacto/Direcciones-y-telefonos/Museo-de-escultura-al-aire-libre-de-La-Castellana?vgnextfmt=default&vgnextoid=252434f3409ab010VgnVCM100000d90ca8c0RCRD&vgnextchannel=bfa48ab43d6bb410VgnVCM100000171f5a0aRCRD