Los «mundos» de Ángeles Santos

«Papá, quiero pintar el mundo. Todo lo que yo he visto». Con estas palabras, una jovencísima (17 años) Ángeles Santos inició, en 1929, la creación de una de las mejores obras del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía: “Un mundo”.

Su intensidad, misterio, calidad técnica y tamaño atraen, irremediablemente, al visitante desde el primer momento en que entra en la sala 207 del museo.

Pero volvamos a 1929, a Valladolid (ciudad donde vivía en ese momento Ángeles Santos) y a ese deseo de pintar “el mundo” que le confesó a su padre. ¿Queréis saber qué sucedió?, pues escuchemos a la propia artista :

«Mi padre encargó una tela enorme a la casa Macarrón, que ocupaba toda la pared, una tela gigante, una pieza inmensa de lienzo, que cortada por la mitad y cosida resulta de 220×340 cm para que el mundo cupiera».

«Cuando la recibimos, la clavamos con chinchetas en la pared de mi habitación. Al principio no sabía cómo llenarla, pero iba a pintar algo en ella. Luego ya inventé».

«Para pintar “Un mundo” hice varios croquis previos, unos dibujos preliminares. A veces me despertaba en medio de la noche con una idea, me levantaba y dibujaba. Surgió solo».

«Es un cuadro de gran tamaño en el que puse todo lo que hasta entonces había visto, intuido y observado. El universo, el cielo, el infierno, las almas y el mundo tangible que conocía, las ciudades, las casas, la vida, los trenes, las playas, los ríos, los cementerios […]».

Y el resultado fue espectacular. De hecho, cuando se expuso ese mismo año en el IX Salón de Otoño de Madrid el éxito fue abrumador: intelectuales de la talla de Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén o Ramón Gómez de la Serna quedaron fascinados con su obra.

Gómez de la Serna (que se enamoró de ella) escribió: «En el Salón de Otoño ha surgido una revelación: la de una niña de diez y siete años. Ángeles Santos, que aparece como Santa Teresa de la pintura, oyendo palomas y estrellas que le dictan el tacto que han de tener sus pinceles».

Y es que mirar con detenimiento este cuadro nos permite conocer el mundo de una joven que, sin haber tenido formación académica (recibió únicamente algunas clases particulares), de forma casi autodidacta, dominaba recursos del Surrealismo, Realismo Mágico y la Nueva Objetividad.

Pasados varios años, ella misma cuenta que le influyó mucho la lectura del libro “Realismo mágico, post expresionismo” de Franz Roh a través del que conoció (en fotografías) la obra de Joan Miró y de artistas de la Nueva Objetividad alemana.

Y también cuenta que se inspiró en los siguientes versos de Juan Ramón Jiménez: «(…) vagos ángeles malvas / apagan las verdes estrellas / Una cinta tranquila / de suaves violetas / abrazaba amorosa / a la pálida Tierra».

Analizar esta obra resulta muy complejo, pero podríamos decir que en “Un mundo” hay una «Zona terrenal», con forma de cubo (¿Cubismo?) para que, como dijo la artista, «se viese mejor las cosas que había en el mundo».

En esta «Zona terrenal» podemos observar muchas cosas: un partido de fútbol,

…otro de tenis,

… una sala de exposiciones y un cine,

… una playa,

… un avión a punto de despegar,

… el interior de edificios sin techo que nos permite “entrar” en su intimidad,

… un cortejo fúnebre que se dirige al cementerio donde vemos lápidas y un recién enterrado cuya alma parece que se ¿eleva?

y un tren y una estación con viajeros que esperan su llegada.

Pero además, hay una zona ¿CÓSMICA? o ¿IRREAL? Sabemos que en esa época se estaban realizando estudios sobre Marte. De hecho, Ángeles Santos llegó a decir jocosamente que, si el hombre llegaba a Marte, le gustaría «que se llevaran el cuadro para que supieran cómo somos».

En esta zona, aparecen unas figuras femeninas de extraño aspecto alargado, como alienígenas, sin pelo ni orejas…

… otras que suben por una escalera para llegar a ¿Marte?

Y otras, en la parte izquierda, que son como ¿ángeles? que parecen columpiarse sobre estrellas.

Ver este cuadro en vivo es toda una experiencia que se puede prolongar horas. Y su interpretación es compleja y libre, por lo que si tenéis la oportunidad de verlo en el Museo Nacional de Arte Rina Sofía (http:// www.museoreinasofia.es), dejad volar vuestra imaginación y recordad cómo una joven de 17 años logró plasmar «su mundo».

Referencias:

Entrevista a Ángeles Santos para “El Cultural” de “El Mundo” con motivo de la exposición “Fuera de orden. Mujeres en la vanguardia española” de la Fundación MAPFRE. Publicada el 31/01/1999.

Web del @museoreinasofia .

Vídeo de la restauración realizada en 2019.

Podcast de @artecompacto.

https://open.spotify.com/episode/3Tl3xbK0uAZR8GYHAHHbv.

Las «dos Piedades» de Lampa [#JuevArte]

Quiero compartir con vosotros una bonita y sorprendente historia relacionada con el gran Miguel Ángel, su «Piedad», un senador, la pequeña ciudad de Lampa y dos copias .

Lampa es una ciudad peruana de 15.000 habitantes, perteneciente a la región de Puna, y conocida como la «Ciudad Rosada» por el color de las fachadas de sus casas, ya que están construidas con un material que sale de los volcanes aledaños a la ciudad que tiene ese tono.

En ella, podemos pasear por sus rincones, degustar una sarnita (comida típica que recibe su nombre por las pepitas que lleva y que recuerdan a la enfermedad de la sarna) y disfrutar… ¡de dos copias certificadas por El Vaticano de «La Piedad» de Miguel Ángel!

Pero, ¿cómo es posible que esta pequeña localidad situada a más de 10.500 kilómetros de El Vaticano tenga este gran privilegio?

Pues esta hazaña se debe al fervor artístico de uno de los lampeños más ilustres, Enrique Torres Belón, un ingeniero, empresario y senador que logró algo inimaginable en esa época (y en esta): conseguir que El Vaticano le entregará una copia de «La Piedad» de Miguel Ángel. Y es que este eminente lampeño quedó prendado cuando visitó la Basílica de San Pedro y contempló la belleza de la única obra que el gran artista florentino firmó.

Torres Belón, hombre adinerado, poderoso y muy testarudo, se marcó como objetivo tener una copia exacta de la obra que le había deslumbrado en su visita. Para ello, escribió varias cartas al que, a la sazón, era el Papa, Juan XXIII. No sabemos a ciencia cierta cómo lo logró, pero finalmente Juan XXIII accedió, sorprendentemente, a enviarle una copia exacta de la «Piedad» en yeso cristalino.

En Lampa se cuentan muchas leyendas en torno a cómo logró convencer Torres Belón al Papa: desde que una de sus hermanas era monja de El Vaticano e intercedió de manera decisiva, hasta que el senador lampeño le puso «un cheque en blanco» al pontífice para lograr su objetivo.

Sea como fuere, la realidad es que en 1961 una copia en yeso cristalino, elaborada por un equipo de restauradores de El Vaticano, de la inmortal obra de Miguel Ángel llegaba a la ciudad de Lampa.

Torres Belón veía así cumplido su sueño. El lugar donde quería ubicarla era en la cúpula de un mausoleo que se había hecho construir en la Iglesia de Santiago Apóstol (construida entre 1685 y 1776) cuya restauración sufragó él mismo entre los años 1960 y 1968.

Cuando se dispusieron a ubicarla, comprobaron que aún siendo una copia en yeso, el peso podría no ser soportado por la cúpula del mausoleo. Fue entonces cuando tomaron la decisión de hacer una copia en otro material más liviano: el aluminio negro. Pidieron permiso al Papa para realizar esta segunda copia y éste accedió con la condición de que la copia en yeso fuese, una vez realizada la de aluminio negro, destruida. Escultores de Lima la realizaron, la llevaron a Lampa y pudieron ubicarla en el lugar elegido.

De esta forma, Torres Belón lograba su objetivo y su mausoleo quedaba coronado por una copia de «La Piedad» de Miguel Ángel, eso sí, de color negro (los lugareños la llaman «La Piedad Negra»), algo que impacta y sorprende mucho a los visitantes cuando la ven.

Bajo esta cúpula descansan actualmente no sólo los restos Torres Belón, sino los de su madre (Cecilia Belón) y su esposa (la estadounidense Esther Phillips). Los esqueletos que los acompañan (y aportan un aspecto algo escabroso…) son de clérigos de esta iglesia.

¿Y qué ocurrió con la copia en yeso?
Pues que no se cumplió la condición de destruirla que había impuesto el Papa y se trasladó a la Biblioteca Municipal, donde actualmente se sigue exhibiendo, junto a 8.000 libros que donó el propio Torres Belón.

Pero la historia no acaba aquí…

El 21 de mayo de 1972, casi tres años después de la muerte de Enrique Torres Belón, Laszlo Toth -un geólogo húngaro con problemas mentales- entró a El Vaticano y al grito de «Soy Jesucristo resucitado de entre los muertos» golpeó hasta quince veces a «La Piedad» original.

Los daños se concentraron fundamentalmente en la nariz, uno de los párpados, el brazo izquierdo y el codo de la Virgen, así como la rodilla de la figura de Jesucristo. En total se contabilizaron más de 50 fragmentos.

El acontecimiento dio la vuelta al mundo y, tras varias discusiones sobre la idoneidad de reconstruirla o dejarla cómo había quedado, se decidió acometer la restauración.

El equipo de restauradores se puso manos a la obra en la reconstrucción, que se desarrolló entre 1972 y 1973 en los laboratorios de los Museos Vaticanos. Para ello, utilizaron una copia que ya poseía la Santa Sede, varios calcos y las más de 5.000 fotografías que la había realizado el Robert Hupka durante la Exposición Universal de Nueva York en 1964, evento en el que «La Piedad» presidía el pabellón de El Vaticano (única vez que esta obra salió de la Santa Sede).

ROBERT HUPKA

Pero, además, sabemos que -unos meses después del ataque- una delegación de restauradores y escultores de El Vaticano enviados por el Papa Pablo VI visitaron durante diez días Lampa para fotografiar y tomar las medidas de la copia en yeso para tenerlas en cuenta en la restauración de la original.

De esta manera, la copia que Torres Belón logró traer desde El Vaticano, colaboró en la restauración de «La Piedad» original, hecho del que se sienten muy orgullosos todos los lampeños y que cuentan a los visitantes que se interesan por «sus dos Piedades», sus dos joyas.
Y es que tener «Dos Piedades» en tu ciudad te hace sentir, como dirían por allí: ¡MUY CHÉVERE!

*Muchas gracias a @LuRicone (cuenta de Twitter) por su valiosa ayuda en lo referente a los pasos que se dieron en la restauración de «La Piedad» original.

Los maravillosos mundos de Dorothea Tanning

«Creo que todo se reduce a poseía o repugnancia, me gustaría invocar la poesía y evitar la repugnancia». Con estas palabras escritas en una carta dirigida a su amigo (también artista) Joseph Cornell en 1948, Dorothea Tanning expresaba cómo había decidido mirar el mundo.

Su fuerte personalidad y su afán por explorar los límites del arte, la llevaron a ser (en sus 101 años de vida) pintora, diseñadora, escultora y poeta. Afirmaba que «es difícil ser siempre la misma persona». Ese carácter poliédrico lo trasladó a su producción artística.

Y es que entre su obras podemos encontrar ejemplos de pintura surrealista llena de inquietantes imágenes.

Anuncios, dibujos publicitarios para grandes almacenes como Macy’s y decorados para ballets.

Pinturas que rozan la abstracción, aunque nunca llegando completamente a ella.

Esculturas blandas con las que creó misteriosas y sugerentes instalaciones.

Y unas memorias, novelas y poemarios que empezó a publicar cuando ya tenía 94 años.

Dorothea Tanning nació en Galesburg (Illinois) en 1910, y desde pequeña mostró sus inquietudes intelectuales convirtiéndose en asidua a la biblioteca municipal. Allí devoraba los cuentos de hadas de Madame d’Aulnoy y la joya de L. Carroll «Alicia en el País de las Maravillas». Tras iniciar sus estudios en el instituto de Arte de Chicago, en el que permaneció sólo tres semanas, se instaló en Nueva York.

Su flechazo con el surrealismo se produjo cuando visitó la exposición «Fantastic Art Dada Surrealism» en 1936 celebrada en el @MuseumModernArt. Años después, confesó que la visita a esa muestra supuso para ella «la ampliación sin límites de la posibilidad».

Tres años después, se mudó a París con el objetivo de aprender de los maestros surrealistas, pero el estallido de la 2ª Guerra Mundial la obligó a regresar a Nueva York a los pocos meses. Sin embargo, su corta estancia en la capital francesa y su contacto con los artistas surrealistas dejó una profunda huella en su estilo como podemos comprobar en las obras que pintó a partir de ese momento

En diciembre de 1942 se produjo un importante acontecimiento en la vida de Dorothea Tanning. El prestigioso pintor surrealista Max Ernst, por recomendación del galerista Julien Levy (gran admirador de la obra de Tanning), visitó su estudio. La razón era que estaba buscando obras para una exposición sobre mujeres artistas que quería organizar su esposa, la famosa coleccionista Peggy Guggenheim, en su nueva galería Arte of this century “Exhibition by 31 Women”.

El objetivo de esta exposición era reivindicar el papel de las mujeres artistas en la historia, y en ella había obras de 31 mujeres de la talla de Frida Kahlo, Leonora Carrington, Leonor Fini, Elsa von Freytag-Loringhoven, Meraud Guevara, Anne Harvey y Valentine Hugo. En esta visita de Max Ernst al taller de Dorothea Tanning, el pintor francés se quedó prendado de la obra «Birthday» y logró que ese cuadro formara parte de la exposición que estaba organizando su mujer. También estuvo presente otra de sus pinturas, «Children’s Game».

Pero además, jugaron al ajedrez, conversaron y se enamoraron. Tras este encuentro, Ernst se separó de Peggy Guggenheim y se casó con Dorothea en una ceremonia doble con Man Ray y Juliette Browner. Permanecieron juntos hasta la muerte del pintor alemán en 1976.

Años más tarde, Peggy Guggeheim recordaba con sarcasmo este duro episodio para ella diciendo que “se llevaban muy bien… Pronto se empezaron a llevar más que bien y me di cuenta de que debí haber tenido solo 30 mujeres en la exposición”. Gracias a @anamontparnasse por contarme esta anécdota.

Pero no sólo realizó pinturas surrealistas (aunque son por las que es más conocida), también pintó obras que se apartaban de ese estilo y llegaban casi a la abstracción.

En los años 70, deja un poco de lado la pintura y comienza a realizar sus famosas esculturas blandas. Con la máquina de coser Singer de su madre, las elabora con telas compradas por ella misma, ropa vieja, lana y pelotas de ping pong.

Y con estas esculturas realizaba instalaciones tan impactantes como esta titulada «Hôtel du Pavot, Chambre 202 (Poppy Hotel, Room 202)» y conservada en el https://www.centrepompidou.fr/es.

Sus últimos años los dedicó a realizar videocreaciones, novelas y poemarios.Un ejemplo de esta etapa la podemos ver en este vídeo del canal de YouTube de la https://www.tate.org.uk/.

En sus obras aparecen figuras recurrentes llenas de simbolismo. Entre ellas destacan las puertas…


perros con rostro humano…

girasoles…

¿Qué simbolismo encierran estas imágenes recurrentes? La propia Dorothea apunta que en sus obras desea “llevar al espectador donde todo se oculta, se revela, se transforma súbita y simultáneamente; donde se pueda contemplar una imagen nunca vista hasta ahora que parezca haberse materializado sin mi ayuda”.

Hay muchas interpretaciones sobre lo que podrían simbolizar estos objetos recurrentes, pero este asunto daría para otro post… ¿Qué pensáis vosotros que querría decirnos Dorothea Tanning?

Se negó a ser etiquetada como mujer artista afirmando que «es una contradicción tan evidente como hombre artista o elefante artista. Puedes ser mujer y ser artista. Lo primero no lo puedes evitar, lo segundo es lo que eres en realidad»

En todo caso, nos encontramos ante una maravillosa artista llena de talento que no ha sido lo suficientemente valorada por la historiografía, ya sea por se mujer y/o por haber estado casada con uno de los grandes pintores del siglo XX, Max Ernst. Sus obras nos sorprenden, intrigan y maravillan, y es que -como decía precisamente Ernst- «el dominio de lo maravilloso es su patria».

Para saber más:

Web

http://www.dorotheatanning.org

Vídeo de Sara Rubayu (La Gata Verde)

Enlaces de la exposiciones que le dedicaron el http://www.museoreinasofia.es y la https://www.tate.org.uk/

MNCARS: https://www.museoreinasofia.es/exposiciones/dorothea-tanning

Tate: https://www.tate.org.uk/whats-on/tate-modern/exhibition/dorothea-tanning

Vermeer, la luz de Delft (2ª parte)[#JuevArte]

La vida de Vermeer sufrió un serio revés con el inicio de la Guerra Franco-Holandesa en 1672 y la crisis económica que generó este conflicto. Comenzó a tener problemas tanto para vender sus cuadros como para comerciar con los de otros autores.

Esto le obligó a solicitar varios préstamos y endeudarse gravemente. La situación le angustió de tal manera que, en palabras de su mujer, Caharina Bolnes, «entró en un delirio y en el plazo de un día o día y medio pasó de un estado de salud plena a la muerte».

Se ha apuntado como posible causa médica de su fallecimiento una apoplejía o a un infarto. Sea como fuere, la realidad es que Vermeer fue enterrado el 15 de diciembre de 1675 en la Oude Kerk de Delft (Iglesia Vieja) en la tumba familiar que había comprado su suegra María Thins.

La situación económica en que quedó su familia fue nefasta y su viuda tuvo que renunciar a la herencia para hacer frente a parte de las deudas. Aún malvendiendo los cuadros de su marido, no logró recuperarse nunca de esta situación económica y murió en 1687 en la ruina.

Tras la muerte de Vermeer, su legado fue desapareciendo hasta casi caer en el olvido. Incluso, sabemos que algunos de sus cuadros fueron atribuidos a otros pintores contemporáneos suyos más valorados (como, por ejemplo, Peter de Hooch) para poder venderlos a un precio mayor.

Aún así, no podemos decir que desapareciera del todo, ya que existen catálogos de subastas de entre 1700 y 1850 en los que figuran obras suyas, como, por ejemplo, «Muchacha leyendo una carta frente a la ventana» (que en una venta posterior fue atribuida a Rembrandt).

Pero su gran redescubrimiento no se produce hasta el siglo XIX. Théophile Thoré-Bürger, un crítico de arte francés, queda fascinado cuando visita en 1842 el Museo Mauritshuis (La Haya) y contempla el cuadro «Vista de Delft».

Tanto es el impacto que le produce que comienza a investigar y logra catalogar en 1859 la obra “En casa de la alcahueta” de la Dresdner Galerie y, posteriormente, “La lechera” y “La callejuela”, que pertenecían a la colección Six de Ámsterdam.

Y partiendo de estos tres cuadros, fue capaz de encontrar y hacer públicas cerca de la mitad sus obras.En 1866 publica dos artículos elogiando a Vermeer y un catálogo con más de 73 obras (finalmente sólo 45 estaban correctamente atribuidas) en la Gazzette des Beaux-Arts.

Esta publicación supuso la presentación al mundo de nuestro protagonista y su redescubrimiento oficial.sin embargo, su gran labor tuvo un inconveniente: las numerosas atribuciones de obras a Vermeer de manera errónea generaron mucha confusión en los años posteriores.

Thoré-Bürger murió en 1869 y el testigo, como gran especialista en Vermeer, lo tomó un joven estudioso del arte holandés de la época llamado Abraham Bredius, que logró encontrar e identificar sus dos primeras obras: «Cristo en casa de Marta y María» y «Diana y sus compañeras».

La fama de Vermeer comenzó a crecer rápidamente, y a principios del S. XX sus obras se convierten en objeto de deseo de grandes coleccionistas de EEUU como Isabella Stewart Gardner, H. Clay Frick o el banquero John Piermont Morgan Sr.

14. Y desde entonces, el prestigio y el valor de Vermeer no ha dejado de crecer. Importantes museos del mundo le han dedicado maravillosas exposiciones como el https://www.museodelprado.es/ en 2003 👉https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/vermeer-y-el-interior-holandes/462d572e-bbb2-4b22-9f18-9b4e2591dc05 y el http://www.louvre.fr en 2017 👉 https://www.louvre.fr/en/expositions/vermeer-and-masters-genre-painting.

Y, ante la imposibilidad de reunir todas sus obras en una exposición, su Delft natal le ha dedicado un curioso museo en el que podemos disfrutar de reproducciones de sus 35 cuadros a tamaño natural, así como de sus utensilios pictóricos y técnicos 👉 http://www.vermeerdelft.nl/nl/

Algo parecido, pero en versión digital, podemos encontrarlo en este proyecto de https://artsandculture.google.com/ que consiste en la recreación virtual de un museo en el que se conservan todas sus obras en realidad aumentada. ¡Es un auténtico espectáculo visitarlo! Este es el enlace: https://artsandculture.google.com/project/vermeer?hl=es

Las obras de Vermeer han sufrido robos («La carta», «La guitarrista» y «Dama escribiendo una carta y sirvienta» fueron sustraídas y felizmente recuperadas, pero «El concierto» sigue en paradero desconocido desde que fue robada en 1990 del @gardnermuseum) y falsificaciones…

Y el protagonista de estas falsificaciones fue uno de los más famosos de la historia, ni más ni menos que Han van Meegeren. Como su historia da para -al menos- otro post, os dejo este enlace que lo explica muy bien : https://www.labrujulaverde.com/2017/10/la-historia-de-han-van-meegeren-el-falsificador-que-confeso-para-no-ser-acusado-de-colaboracionismo-nazi

Y para terminar, haré un pequeño recorrido por algunas curiosidades de 4 de sus mejores obras. No será un comentario formal (hay mucha información de ese tipo ya en Internet), sino que me centraré en pequeños detalles que pueden llegar a pasar inadvertidos. ¡Allá vamos!

Sobre la identidad de «La joven de la perla» del @mauritshuis han corrido ríos de tinta (María, la hija mayor de Vermeer, una de sus sirvientas llamada Griet e,incluso, la hija del comisario de Delft). Sin embargo, no se trata de una representación de una persona real, sino de un «Tronie» un tipo de representación habitual en el barroco holandés en el que los pintores representaban un retrato con una expresión facial llamativa para mostrar sus dotes pictóricas y no con intención de representar a ninguna persona real.

Otro aspecto llamativo es la famosa perla: si nos acercamos, comprobaremos como el pintor es capaz de crearla sólo con una gruesa pincelada…

Y los ojos son una auténtica genialidad…

A título anecdótico, podemos recordar que Bansky recreó recientemente en una gran pared blanca del barrio portuario de Place Hanover (Bristol) esta obra. Su originalidad consistió en que utilizó la alarma del edificio para convertirlo en el pendiente del cuadro de Vermeer. Los vecinos de Bristol, jocosamente, rebautizaron esta obra como «Girl with Pierced Eadrum» (La joven con el tímpano perforado). 


Otra de sus obras más famosas es «La lechera», conservada en el https://www.rijksmuseum.nl/. En ella, Vermeer realiza un espectacular estudio de la luz y consigue transmitir una serenidad y una paz maravillosas. Hay algunos detalles en los que merece la pena fijarse…

En la ventana aparece un cristal roto con el que juega a la hora de iluminar la escena…

Y un clavo (del que podría haber colgado un mapa o un cuadro) que se encuentra solo en la pared y proyecta una sombra sólo al alcance de un gran maestro.

Y vemos cómo utiliza el «pointillé» (técnica pictórica que se basa en dispersar en toda la superficie del cuadro pequeños puntos de luz y que sólo usó él de entre sus contemporáneos) para representar los alimentos y los utensilios de cocina.

Y cómo utiliza puntos azules en la jarra, el cuenco y la leche para crear esa atmósfera lumínica tan personal y mágica.

Otros detalles son la estufa de pie (inicialmente había pintado una cesta llena de ropa) que puede simbolizar el calor del hogar o el amor conyugal, y un azulejo con la figura de Cupido que reforzaría esta última idea.

Otra de sus obras maestras es «El arte de la pintura» (también conocida como «Alegoría de la pintura») que se conserva en el https://www.khm.at/ de Viena.

Fue una de las obras que más apreciaba el pintor y de la que nunca se desprendió. De hecho, habiendo ya fallecido él, su mujer se la cedió a su madre (aduciendo una deuda con ella) para que los acreedores no se la arrebataran. Aparece representada Clío, musa de la Historia, y un pintor que hay quien ha relacionado con el propio Vermeer (teoría que no está aceptada actualmente).

Probablemente fuera una obra que utilizaba para mostrar su capacidad artística a sus futuros clientes, de ahí su interés por no perderla.El mapa de la pared tiene un gran protagonismo en la escena. La cartografía y los globos celestes están presentes también en otras obras

Gracias a Kevin R. Wittmann (@kr_wittmann), uno de los mejores especialistas en cartografía que conozco, he sabido que la producción de mapas y globos celestes en los Países Bajos en el S. XVII fue una de las más importantes por su calidad técnica y artística.

Quizá para darle valor, y para reflejar fielmente el interior de las casas de la población con cierto estatus económico, Vermeer representó estos mapas y globos celestes en sus obras.

En «El arte de la pintura», el mapa corresponde a uno realizado por Claes Jansz Vischer hacia 1692 y en él se representan las 17 provincias de los Países Bajos antes de la firma del Tratado de Westfalia.

El pintor ejerce una suerte de ilusionismo y juega con nosotros utilizando la cortina del ángulo superior derecho: está colocada de tal manera que tapa una esquina del mapa, parte de la trompeta, la silla y la mesa, invitándonos al espectador a «entrar en el cuadro» y retirarla.

Además, podemos ver su firma justo en la parte baja del mapa.

Hay quien ha señalado que la pata derecha del caballete no aparece porque fue eliminada voluntariamente por el pintor. Sin embargo hay quien niega esto aduciendo que queda perfectamente oculta tras el taburete y la pierna del pintor… ¿qué opináis?

«Vista de Delft», conservada en el @mauritshuis es -junto con «La callejuela»- el único paisaje que conocemos de Vermeer.

Marcel Proust, gran admirador de Vermeer, dijo de esta pintura que era «el más bello cuadro del mundo».En esta obra utiliza la técnica del «pointillé» sólo en los edificios y las personas, no en el agua.

En el cuadro aparecen 15 personas. Las 6 que están en primer plano, muestran su clase social a través de su indumentaria.

Se han hecho numerosas investigaciones para saber desde qué lugar exacto realizó Vermeer esta obra y se han identificado varios de los edificios que hay siguen en pie. Entre ellos, podemos ver el Oude Kerk de Delft (Iglesia Vieja) donde está enterrado nuestro protagonista.

Y es que en las obras de este gran pintor holandés, se pueden encontrar, siempre y cuando busquemos bien, simbologías y mensajes muy interesantes. Y si no los encontramos, siempre nos quedará su luz, la luz de Delft.

Vermeer, la luz de Delft (1ª parte) [#JuevArte]

“La lechera”, “La joven de la perla”, «Vista de Delft» y “El arte de la pintura” son algunas de las obras más conocidas -y que ya forman parte del imaginario de los aficionados al arte- de Johannes Vermeer, uno de los artistas que más fascinación despiertan actualmente.

Sólo conservamos 36 cuadros suyos distribuidos en 18 museos de 7 países diferentes. Una cifra irrisoria si lo comparamos con las de los pintores contemporáneos suyos. En total, su producción no debió superar las 60 obras (lo sabemos gracias a actas de subastas e inventarios).

Sus obras nos transmiten paz, tranquilidad, sosiego y siempre nos reserva algún mensaje oculto (en los objetos o la escena representada) que el espectador debe tratar de adivinar. Y, por supuesto, la luz, esa luz tan personal de Vermeer que llena de magia la escena.

No conocemos cómo era su aspecto físico. Se ha apuntado que se autorretrató en su obra, «En casa de la alcahueta», pero es algo que está descartado en este momento. También se ha dicho que se autorretrató de espaldas y pintando el «El arte de la pintura»

Sí sabemos que nació en la ciudad holandesa de Delft en 1632 y conservamos su partida de bautismo (Gracias a Gerardo Gilsanz @GGilsanz por facilitarme este valioso documento). Sus padres se llamaban Reyner Janszoo Vos (en 1640 cambió su primer apellido por el de «Vermeer») y Digna Baltens.

Su padre regentaba una posada a la que acudían un gran número de pintores y también ejercía como marchante de arte. Probablemente esto influyó en el nacimiento de la vocación artística del joven Vermeer. En la imagen vemos el aspecto actual de la posada

No conocemos dónde se formó como pintor (probablemente en las cercanas ciudades de Amsterdam o Utrech) ni quien fue su maestro. Se ha apuntado en algún momento a la figura del pintor Carel Fabritius, discípulo de #Rembrandt, como su mentor e incluso a Pieter de Hooch.

Sin embargo, no hay ningún documento que así lo acredite. En todo caso, aunque en sus obras podamos apreciar influencia de pintores contemporáneos suyos (especialmente en la temática), desarrolló un estilo muy personal (incluyendo la técnica del pointillé) que lo diferenció claramente del resto.

1653 fue un año decisivo tanto para su vida personal como para su trayectoria artística, ya que entró a formar parte del gremio de pintores de San Lucas y contrajo matrimonio con Catharina Bolnes, una católica y acaudalada mujer. El enlace no fue visto con buenos ojos por María Thins, la madre de la joven, probablemente por la diferencia de estatus económico y, sobre todo, porque Vermeer era calvinista. En este imagen podemos ver cómo el nombre de María Thins aparece tachado en el acta de casamiento.

En este imagen podemos ver cómo el nombre de María Thins aparece tachado en el acta de casamiento

Aunque, finalmente (y tras convertirse Vermeer al catolicismo), acabó aceptando a su yerno y se convirtió en su colaboradora y protectora en los malos momentos.El matrimonio tuvo 15 hijos, aunque 4 de ellos murieron antes de cumplir un año.

También por esas fechas apareció otra figura crucial en la vida de #Vermeer, Pieter Claesz van Ruijven (1624-1674), un coleccionista local que se convirtió en su mecenas. Disfrutó de su apoyo durante toda su vida y está documentado que llegó a acumular hasta 21 cuadros suyos.

La existencia de este gran mecenas, unido a que también obtenía dinero a través de su labor como marchante de arte, puede explicar lo escaso de su producción. Pintaría por encargo y realizaría entre 2 y 3 cuadros por año.

Comienza su carrera realizando cuadros religiosos y mitológicas de gran tamaño con un estilo italianizante que abandonó rápidamente. Estas son: «Cristo en casa de Marta y María» y «Diana y sus compañeras».

Pero a partir de 1657 adopta una temática y un estilo distinto. Son cuadros que representan el interior doméstico de las gentes de su ciudad natal y su tamaño es menor al estar destinados a ser colgadas en las casa de los burgueses. El primer ejemplo es “Joven dormida”.

A partir de ese momento realiza obras en las que convierte en protagonista el estado psicológico de las mujeres representadas y realiza ese tratamiento de la luz (siempre entrando por una ventana situada en la parte izquierda) que le convierte en un pintor especial.

En otras obras introduce la figura del hombre en actitudes que podrían ser de galanteo de galanteo y en las que nos deja mensajes a través de los objetos representados. Por ejemplo, en la presencia del vino en estas dos obras

En otras obras introduce otro de sus elementos característicos, la música. Lo vemos en “La lección de música”, “Mujer con laúd”, “Dama al virginal” y «La guitarrista». Esta utilización de la música es probable que quisiese transmitir connotaciones amorosas y de elegancia.

También en esta etapa realiza sus dos únicas pinturas que representan paisajes, “La callejuela” y una de sus obras maestras, “Vista de Delft”. Esta última nos lleva a uno de los temas más controvertidos sobre la pintura de Vermeer: ¿utilizó la famosa cámara oscura?

Sabemos que los pintores holandeses del S. XVII sí la utilizaba y es muy probable que él también (aunque en el inventario de sus bienes no figura ninguna), pero en lo que casi todos los entendidos coinciden es en que experimentó con ella, fue un elemento más en su trabajo, pero no fue clave en su producción artística.

En lo que también parece haber consenso es en que utilizó el telescopio invertido en la «Vista de Delft» (gracias a Gerardo Gilsanz @GGilsanz por facilitarme esta información). Este asunto es apasionante, pero es muy amplio y da para otro post, por lo que otro día tocará profundizar…

Lo que también sabemos es que, para captar la perspectiva, utilizó la técnica del clavo y el cordel (en 13 obras) que consistía en que el artista fijaba un punto de fuga en la línea imaginaria del horizonte, clavaba un clavo en ese punto del lienzo y ataba un cordel al clavo. A continuación, el pintor lo tensaba y lo dejaba caer sobre la superficie del cuadro, obteniendo así las líneas que indicaban la disposición correcta de las ortogonales. Esto lo podemos ver en su obra «La lección de música».

Su última etapa pictórica coincide con la realización una de sus obras más celebradas “El arte de la pintura” . También a esta época pertenecen las dos únicas obras en las que la figura masculina es la protagonista, “El Astrónomo” y “El Geógrafo”. Se ha especulado con la posibilidad de que el retratado fuera el famoso naturalista Anton van Leeuwenhoek.

No tenemos documentos que acrediten exactamente el tipo de contacto que tuvieron estos dos grandes hombres de Delft. Sin embargo, sí sabemos que Leeuwenhoek fue nombrado albacea de los bienes de Vermeer al morir éste, hecho que demuestra de manera inequívoco que se conocieron. En este vídeo, el profesor Rafael López Borrego nos habla de manera muy didáctica de esta relación, de la cámara oscura -y de otros aspectos interesantes sobre Vermeer y su época- utilizando como hilo conductor el libro de Laura J. Snyder «El ojo del observador» .

Probablemente, sus dos últimas obras fueron «Alegoría de la fe» y «Mujer sentada tocada el virginal». Dos obras que rompen con su tradicional estilo y que corresponde a sus últimos años de vida, en los que estaba sumido en una gran crisis fruto de sus problemas financieros.

Pero de cómo termina la trayectoria artística de Vermeer, cómo y cuándo fallece, cómo cae prácticamente en el olvido durante dos siglos y cómo vuelve a resurgir su figura a partir del S. XIX y de las múltiples anécdotas y curiosidades que giran en torno a esta genio de la pintura, así como de los secretos de sus principales obraas, hablaremos en el próximo #JuevArte (29 de agosto). ¡Os espero a todos!

Fotografías:
Las imágenes y documentos que he utilizado provienen de http://artsandculture.google.com y de https://www.secondcanvas.net/es/.